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Esplendoroso Domingo de Ramos el de 2009, calor sofocante en algunos momentos y excelente temperatura nocturna ideal para ver cofradías.
No se por qué pero este año he tenido la sensación de llegar sobrado al paso de las cofradías en lo que a tiempo se refiere, otros años he llegado con la lengua fuera para poder llegar a tiempo y este año he tenido que esperar más de lo que me gustaría para poder ver cada cosa en su sitio.
Otra cosa que me ha llamado la atención este año es que, si bien en la primeras horas había muchísimo público, conforme se iba acercando la noche y la madrugada, el personal empezaba a desaparecer, quedando el paso de alguna cofradía como San Roque prácticamente desierto, estampa que recordaba a esas postales antiguas en las que había cofradías que discurrían completamente en soledad.
Para empezar a criticar un poquito como ya hiciera el año pasado, quiero hacer una mención especial a los "pijos de pelo", esos niñatillos pijos de no más de dieciséis años con sus trajecitos de chaqueta y sus pelos hasta los ojos, todos iguales y todos con sus litronas en mano emulando a los canis de otras épocas. Este año he visto menos niñaterío en plan metepatas y menos trajes blancos horteras que otros años… será la crisis.
En cuanto a lo puramente cofrade, me quedo prácticamente con lo mismo de todos los años, la Estrella, el paso de misterio de la Cena, la Amargura, la Hiniesta por su barrio con Alma de Dios el Señor y Soleá dame la mano el Palio…
En lo negativo, o mejor dicho menos positivo, echo de menos un poquito más de "meneo" al palio de la Estrella, no es que quiera que vaya de balcón a balcón pero a ese palio y esa hermandad le pega un poquito de más cintura, pese a todo iba andando muy bien.
Poquitas fotos he podido hacer este Domingo de Palmas porque no tenía ganas de llevarme el trípode y demás así que os dejo lo más relevante.
Mucho se ha hablado de Enrique Henares desde que el domingo pregonara la Semana Santa de Sevilla desde ese balcón que es el atril del Maestranza.
A grandes rasgos, el pregón de Enrique me gustó bastante, si bien, los comienzos me parecieron dubitativos, como los primeros capotazos que se le dan al morlaco recién salido al ruedo, poco a poco, capotazo a capotazo, párrafo a párrafo, el pregonero se fue entonando e incrementando el nivel de un pregón que acabó en todo lo alto con la "súplica" a Monseñor y mirando al cielo como el Cachorro.
Fue el de Enrique un pregón extenso tanto en el tiempo como en la
temática, tuvo lugar para la crítica social, política y cristiana, quizás en demasía. Creo que repartió demasiada cera al gobierno de la ciudad que, si bien se lo merece bajo mi opinión, no estaba allí para recibir tantos palos, ni siendo el lugar ni el momento para tanta crítica.
Los mejores momentos plenamente cofrades se los dedicó a la Macarena, el Gran Poder, a los trianeros de la Esperanza, la Victoria, el Cachorro o Madre de Dios del Rosario. Los del palo y el martillo se llevaron un puesto junto a la gloria, Villanueva, Rafael Franco, Manolo Santiago, el Penitente y un sin fin de leyendas y maestros.
Su familia cobró también un importante protagonismo, sobre todo sus hijos, Javier y Enrique, que protagonizó un momento de emoción en su padre cuando bajo las trabajaderas de las Cigarreras fue llamado Henares II.
Me gustó mucho la metáfora de los crucifijos vivientes que son las cofradías, más allá del folklore público se esconde una gran labor callada con los más necesitados.
La parte en que nos narraba sus vivencias pasadas me gustó mucho ya que, como le decía a mi mujer mientras veíamos el acto, ese estilo es muy mío, salvando las distancias que me separan de un gran cofrade de toda la vida.
Monseñor Amigo recibió un sin fin de elogios que consiguieron
emocionar al prelado a la vez que arrancaban los aplausos más cálidos y enfervorecidos de la mañana. Como si del querido Juan Pablo II se tratara, Henares cantó con sus palabras el no te vayas todavía a un fraile que se ha ganado el respeto y el cariño de los sevillanos con su saber estar, sus maneras calladas pero severas y su gran mano izquierda con las cofradías.
Enrique Henares "avisó" al coadjutor Asenjo, que ha de ganarse el respeto de la ciudad y las hermandades y que será querido cuando se lo merezca. Aquí le recibiremos con las manos abiertas pero en Sevilla somos de los que nos gusta hacer las cosas a nuestra manera sin que vengan de fuera a imponernos sus formas.
No quisiera acabar estas líneas sin felicitar al pregonero y su familia y en especial a Pregonero de Sevilla con el que he compartido tantos y tantos momentos en el pasado.
El del Domingo de vísperas fue uno de esos pregones que no pasan desapercibidos. En primer lugar, por la duración, el más largo según cuentan los entendidos en el tema, en segundo lugar por las duras críticas vertidas a lo largo del mismo. Y, por último, aunque no por ello menos destacable, por el sentimiento, la comparativa taurina que fue la línea a la que se ciñó el pregonero y el acento sevillanísimo con el que fue pregonado, que ya echábamos de menos ese “seseo” tan nuestro en el atril del Maestranza.
Respecto al segundo punto, he de decir que me resultó excesiva la línea crítica político-social que el pregonero quiso resaltar, y lo hizo, y que de
algún modo eclipsó lo que bien merecía haber sido tenido en cuenta en todo su esplendor. Crítica que, por otra parte, se ha puesto de moda en actos de este tipo en los últimos años y que, desde mi parco entender, no debiera suceder, ya que el Pregón es un acto ideado y realizado para el anuncio de la llegada de “algo”, en este caso de nuestra Semana Mayor.
Pienso que hay muchos actos donde exponer nuestros ideales, como entrevistas previas, tertulias mediáticas donde preguntan por temas de actualidad tanto políticos como sociales. Considero que ese es el momento de hacer la exposición de nuestras ideas y verter todas las críticas que se consideren oportunas, pero no en un acto que en los últimos años parece estar perdiendo, en parte, su esencia por este compromiso social de ideales ortodoxos que nos están haciendo llegar desde distintos frentes.
Fue, aún así, un pregón con altibajos aunque con más altos que bajos, a mi parecer, pero sin duda un pregón que fue creciendo, que fue de
menos a más haciéndose con la voluntad del respetable.
Fue una prosa poética de tintes costumbristas, cuidada, cargada de sentimientos, de vivencias, de recuerdos íntimos que nos hacían vibrar a los que escuchábamos, pues muchos hemos vivido, sino iguales, similares momentos cofrades.
Fue un pregón del que disfruta con su ciudad y sus tradiciones, del que se reúne en una bodeguita añeja de Sevilla para divagar sobre asuntos cofradieros que no sabemos a ciencia cierta, si tendrían o no solución, porque tal como dijo D. Enrique las hermandades son “difíciles”.
Bonitas las palabras dedicadas a nuestro Arzobispo y buenísima la insistencia para que se quedara porque… “Sevilla está donde tiene que estar”, como dijera un primo suyo de “esa familia tan rara que tiene el pregonero”.
Bonitas también, y emocionadas, las palabras dedicadas a su hijo Enrique, seguidor de sus pasos en la tradición, en el verbo, en el costal y quién sabe si en un futuro también en el atril de Sevilla.
Y no puedo dejar pasar las dedicadas al Cachorro que pasa mirando al cielo, o a la Virgen de las Cigarreras, como aquí nos gusta llamarla, a nuestra Virgen de La Estrella y, como no, a la Señora de Sevilla, a la Macarena. Se explayó el pregonero… “Todo Corona, Señora…”
Y el recuerdo vivo desde el comienzo hasta el final, como no podía ser de otra manera, para todos aquellos que ya no están y que han vivido para llamar a un martillo de algún Palio o algún Misterio sevillano, o para los que lo hicieron para cumplir las órdenes de quienes llaman, al compás de una trabajadera.
Ciertamente me gustó el Pregón, desde aquí mi enhorabuena al Pregonero.
Fotos: Miguel Ángel Osuna (www.artesacro.org)










