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Como gran parte de mis lectores no son cofrades, la pregunta puede parecer tonta, podríamos decir que el Domingo de Ramos o como mucho el Viernes de Dolores por aquello de incluir las cofradías de vísperas.
Para un sevillano o mejor dicho para algún cofrade, esta respuesta no sería demasiado acertada.
Para mi la respuesta es un poco difícil, no hay un momento en concreto en el que pueda decir: "mañana empieza la Semana Santa".
Yo creo que la Semana Mayor está formada por las vísperas y los 8 días que todo el mundo considera Semana Santa, de domingo a domingo.
Unos años empieza con esos primeros olores maravillosamente penetrantes que nos regalan nuestros naranjos, otros con "esas primeras calores" que nos brinda marzo y que nos cambia el triste tiempo del invierno por una pseudoprimavera que aún no ha llegado al calendario pero que nos revitaliza y nos anima a pasear por las angostas calles de nuestra querida Sevilla.
Imagen de González Alba en Flickr
La Semana Santa empieza con las torrijas y los pestiños, con las vírgenes vestidas de hebrea, con los cartelones de "Se hacen capirotes", con los ensayos de costaleros y músicos. La Semana Santa empieza cuando el Llamador se hace diario, cuando la rampa (más conocida como la rampla" del Salvador hace su acto de presencia, con los palcos a medio montar, comienza con el olor que atraviesa la ventana de un joven cofrade quemando incienso en su cuarto bajo los sones de Corpus Christie o Rocío.
Mi Semana Santa comienza cuando, como por arte de magia, el politono de mi móvil se torna partitura de Font de Anta, cuando el pop deja su sitio a las cornetas y tambores en la radio del coche, cuando los bares cofrades empiezan a tener más gente en la calle que en el interior del local, cuando los nazarenos de caramelo abarrotan La Campana, cuando el Herodes o el acusador ven, después de tantos meses, el casi siempre intenso sol de San Juan de la Palma en la mudá más famosa del mundo.
Esto es una de las grandezas de la Semana Santa, cada uno la vive como y cuando quiere, los hay que, como un compañero de colegio me dijo hace algunos lustros:
Para mi la Semana Santa es algo efímero
Y los hay que no saben cuando empieza y cuando acaba porque Semana Santa es todo el año.
Aún estamos en invierno pero un ligero aroma cálido penetra hacia “mis adentros”.
Aún las mañanas son frías y por la tarde apetece un jersey más bien grueso pero al mediodía a uno le entran ganas de gritar que ya es primavera en Sevilla.
Aún no se asoma marzo al calendario pero mis sentidos me indican que estoy equivocado, ¡arranca las hojas del almanaque!, ¡ya es abril!
En muchas zonas por donde paso ya hay operarios retirando el fruto que dejará paso al azahar en las naranjos. Hace días que no llueve y aunque anuncian agua para el fin de semana, pienso que es la típica lluvia de abril, esa lluvia tan oportuna que siempre viene a aguarnos la fiesta, nuestras fiestas.
Ya estamos en Cuaresma, los sones de los ensayos de las bandas se hacen cada vez más intensos, la luz le está ganando el pulso a la oscuridad, las semanas pasan como flechas a mi alrededor, la larga espera empieza a tocar a su fin, la cruz de guía de la Borriquita ya está apoyada en uno de los pilares del Salvador, un espigado nazareno negro se abre paso entre el mar de ilusiones blancas, la hora se acerca.
Como me siento primaveral he decidido que ya es hora de cambiar la cabecera del blog, atrás quedaron los adornos navideños y los copos de nieve de hace unas semanas, desde hoy,
¡Es primavera en Diario de pensador!










